Todos los seres humanos nos encontramos alguna vez en esos momentos en que nuestras fuerzas se desvanecen. Esos instantes en que nuestras debilidades se convierten en piedra de tropiezo... son momento en que nos sentimos frustrados, torpes e impotentes. Pero si aprendiéramos a aceptarlas que estarán ahí pero que podemos gestionarlas de otra manera quizás pierdan su fuerza y poder. Cuando nos reconocemos frágiles y necesitados es cuando tenemos la posibilidad de sentir el Poder de Dios. Cuando hacemos espacio a su gracia en medio de nuestra debilidad comprobamos que Dios nos acompaña, y convertimos nuestras flaquezas en un lugar de encuentro con Dios. ¡Pide al TU PADRE su ayuda y fortaleza en los momentos de debilidad! TU PADRE ESTÁ SIEMPRE CONTIGO.  

P. Javier Rojas sj

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