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Mostrando entradas de noviembre 23, 2014
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"Ven, Jesús, tengo tantas cosas que decirte, tantas penas que contarte, tantos deseos, tantas promesas, tantas esperanzas. Quiero adorarte, besar tu frente, oh Jesús Niño, darme a ti una vez más, para siempre. Ven, Jesús, no tardes más, acepta mi invitación, ven.”
San Juan XXIII
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NOS MIRARÁ

No tenemos en nuestras manos
la solución a los problemas del mundo;
pero, frente a los problemas del mundo,
tenemos nuestras manos.
Cuando el Dios de la historia venga,
nos mirará las manos.
No tenemos en nuestro corazón
ternura para calmar tantos mares de violencia;
pero, frente a esos mares de violencia,
tenemos nuestro corazón.
Cuando el Dios de la historia venga,
nos mirará el corazón.
No tenemos en nuestras entrañas
consuelo para serenar este valle de lágrimas;
pero, frente a este valle de lágrimas,
tenemos nuestras entrañas.
Cuando el Dios de la historia venga,
nos mirará las entrañas.
No tenemos en nuestra cabeza
sabiduría e inteligencia suficiente
para cambiar las cosas que no funcionan
pero, frente a la realidad nos queda la dignidad.
Cuando el Dios de la historia venga,
nos preguntará por nuestra dignidad.
No tenemos en nuestro poder
la palabra con autoridad que manda
y, obedecida, cambia situaciones y circunstancias,
pero, frente a esas situaciones, tenemos palabra.
Cuando el Dios de la hist…
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¡Cuántas veces nos perdemos! Caminamos como vagabundos, desorientados ante tantas "ofertas" de promesas instantáneas que nos aseguran felicidad, éxito, paz, casi mágicamente...
No caigamos en las redes que intentan alejarnos del verdadero norte de nuestras vidas: Jesús. El único puerto seguro para nuestros extravíos y descuidos.
@Ale Vallina
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Libra mis ojos de la muerte
dales la luz que es su destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milagro para verte.
Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva;
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.
Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.
Guarda mi fe del enemigo
(¡tantos me dicen que estás muerto…!)
Tú que conoces el desierto,
dame tu mano y ven conmigo. 

José Luis Blanco Vega sj
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