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Mostrando entradas de enero 5, 2014

Tener identidad

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13 Llegó entonces Jesús de Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. 14 Juan quería impedírselo, diciendo: "Soy yo quien debería ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?". 15 Pero Jesús le contestó: "Permítelo así; porque es conveniente que de este modo cumplamos las disposiciones divinas". Entonces Juan se lo permitió. 16 Apenas bautizado Jesús, salió en seguida del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios descender, como una paloma, y venir sobre él, 17 mientras de los cielos salió una voz que decía: "Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco".
Mt 3, 13-17

¿Te ocurrió alguna vez que al levantarte por la mañana sentiste ganas de expresar cariño a los demás? ¡Ganas de amar más y ser mejor persona! Algo parecido a «sentir necesidad» de comunicar a tus seres queridos cuánto los quieres y los necesitas. En esos días sientes que estás en comunión con toda la creación. Como si todo nuestro ser estuviera armonizado p…

Tu pensamiento en Dios

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Aceptar lo que nos toca vivir sin juzgar apresuradamente es fundamental para aprender a relacionarnos con todo lo que nos ocurre.Si nos esforzamos por dejar de lado esa fascinación por retener y alargar los momentos placenteros tratando de evitar el sufrimiento, la tristeza y el aburrimiento, desarrollamos mayor capacidad para afrontar las situaciones difíciles. Hemos desarrollado tal adicción a los momentos agradables que no hemos cultivado la capacidad para afrontar sufrimientos, fracasos o desengaños. Somos una generación sin soporte para las pruebas. Es por eso que cualquier frustración nos hunde en el abismo del sin sentido y hasta la depresión. La presencia del dolor, la tristeza, el miedo, la ira, nos hablan de situaciones que debemos atender. Si buscamos acallarlos siempre no sabremos nunca que tienen para decirnos. 
P. Javier Rojas, sj
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Tener compasión hacia nosotros mismos significa desarrollar la bondad hacia nosotros, y comprender que muchas de las decisiones que hemos tomado, y sobre todo aquellas de las que comúnmente nos acusamos en el pasado, fueron las que pudimos tomar en función de lo que entendíamos era lo mejor. La falta de compasión hacia nosotros mismo se reconoce cuando miramos nuestro pasado desde una conciencia más madura, y nos exigimos y reclamamos no haber actuado de manera diferente.  Cada vez que se juzgan los acontecimientos del pasado con la conciencia actual se puede ser profundamente injusto. En aquel momento, tal vez no se poseía ni la claridad ni el discernimiento que se tiene en el presente. Cada vez que hacemos esto, sin ningún tipo de discernimiento, nos convertimos en nuestros propios verdugos. Y si nos convertimos en verdugos de nosotros mismo, ya no hay cabida para que Jesús sea nuestro juez misericordioso. Él se convertirá en nuestro salvador si aceptamos humildemente que sea Él, y n…