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Mostrando entradas de junio 15, 2014
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«Si Dios es un portador del miedo en vez del amor, estamos usando lo más santo de la forma más temible y degradante. Tenemos que luchar a brazo partido contra esta imagen negra y amenazadora de Dios. Al Dios del miedo y del temor solo lo podemos combatir y sanar con su opuesto, que es el Dios del amor, que es el Dios de Jesús por excelencia».

 José María Mardones (Matar a nuestros dioses)
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Homilía del Santo Padre en Corpus Christi
"El Señor tu Dios… te nutrió con el maná, que tú no conocías” (Dt 8,2).

Estas palabras del Deuteronomio hacen referencia a la historia de Israel, al que Dios hizo salir de Egipto, de la condición de esclavitud, y al que durante cuarenta años guió en el desierto hacia la tierra prometida. Una vez establecido en la tierra, el pueblo elegido alcanza una cierta autonomía, un cierto bienestar, y corre el riesgo de olvidar los tristes acontecimientos del pasado, superados gracias a la intervención de Dios y a su infinita bondad. Entonces, las Escrituras exhortan a recordar, a hacer memoria de todo el camino hecho en el desierto, en el tiempo de la carestía y de la incomodidad. La invitación es a volver a lo esencial, a la experiencia de la total dependencia de Dios, cuando la supervivencia estaba confiada a su mano, para que el hombre comprendiera que “no vive sólo de pan, sino de cuanto sale de la boca del Señor” (Dt 8,3).

Además del hambre físic…

8.

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¿Es posible amar a otros cuando uno se odia o desprecia a sí mismo? ¿Qué tipo de amor se puede ofrecer a Dios si nos convertimos en nuestro propio verdugo? ¿Acaso es posible amar al prójimo cuando uno se autoagrede ? Y la pregunta adquiere aún mayor profundidad: ¿Es que se puede realmente amar a otro cuando no hay amor para uno mismo? ¡Jesús responde a la pregunta del fariseo de un modo tan sencillo! El amor a Dios no puede estar divorciado del amor al prójimo y de uno mismo. O dicho de otro modo, el sano amor a uno mismo es lo que sustenta el amor al prójimo y a Dios.

P. Javier Rojas, sj
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Cuando leemos en los periódicos que este es un corrupto, que aquel otro también, que ha hecho esta corruptela y que las comisiones van de un lado a otro y muchas cosas de algunos prelados, como cristianos nuestro deber es el de pedir perdón por ellos y que el Señor les dé la gracia de arrepentirse, que no mueran con el corazón corrupto…
Condenar a los corruptos ¡sí!”, concluyó el Papa, “pedir la gracia de nos convertirse en corruptos, ¡sí!” y “rezar por su conversión.

Francisco.
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Quiero cantar
la vida que empieza,
tararear las dudas
que a veces me detienen,
y convertir en música
las lágrimas.

Quiero hacer
una balada de justicia
y una samba
para pronunciar
la paz en mil idiomas.

Que el perdón se cante
como un rumba
y la esperanza se anuncie
con tambor y trompeta.

Que la fe tenga
la letra de un bolero
y tu historia,
fascinante y única,
sea un villancico
para todo el año.
José Mª Rodríguez Olaizola, sj
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“Una sola alegría hace que desaparezcan cien tristezas”.
Proverbio chino
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No es lo que hacemos, sino el por qué y el cómo lo hacemos, lo que puede transformar nuestra actividad en un lugar sagrado en el que permitimos a Dios estar presente y dirigiéndonos activamente.
Piet van Breemen sj
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Es muy saludable salir de las rutinas cotidianas, de las zonas de confort que nos rigidizan, de las falsas seguridades que, en muchas ocasiones, no nos permiten evolucionar. 
Salir al mundo y experimentar cosas nuevas, abrir los brazos a la vida y dejar que ella fluya sin la interferencia de nuestros miedos y preocupaciones nos ayuda a crecer. Abrir la ventana de par en par para que penetre la brisa fresca, que nos acaricie el rostro, que nos despeine…
Quien no se atreve a nuevas experiencias de vida se resigna a una existencia chata, sin brillo, sin aventura…Y no hay peor vida que la que teniendo todo para vivir se anquilosa por temor…
No es el odio lo que se opone al amor. Sino el miedo…
¿Qué vas a hacer hoy? Por favor: toca tu propia melodía...Dios te ha regalado los instrumentos.
@Ale Vallina
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Hay momentos de oración que duran solo el “instante de una respiración” pero que sin embargo poseen la profundidad de un pozo del que brota vida nueva.
La cantidad de palabras recitadas en la oración no hacen de esta una plegaria más potente o más piadosa, ni siquiera más sincera…Lo que hace que una oración llegue al cielo es la humildad del que la pronuncia, pero sobre todo el amor incondicional de Quien la recibe.
El gran San Agustín de Hipona decía que: “La oración es la fuerza del hombre y la debilidad de Dios”….Dios nos recibe “completos” cada vez que le oramos. Para Él el número de palabras de nuestro rezo carece de trascendencia.
Nuestras plegarias pueden durar lo que un suspiro o el tiempo de un latido del corazón. Y también una vida completa...
@Ale Vallina
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¡OH TRINIDAD ETERNA! “¡Oh Trinidad eterna! Tú eres un mar sin fondo en el que, cuanto más me hundo, más te encuentro; y cuanto más te encuentro, más te busco todavía. De Ti jamás se puede decir: ¡basta! El alma que se sacia en tus profundidades, te desea sin cesar, porque siempre está hambrienta de Ti, Trinidad eterna; siempre está deseosa de ver tu luz en tu luz. Como el ciervo suspira por el agua viva de las fuentes, así mi alma ansía salir de la prisión tenebrosa del cuerpo, para verte de verdad. ¿Podrás darme algo más que darte a Ti misma? Tú eres el fuego que siempre arde, sin consumirse jamás. Tú eres el fuego que consume en sí todo amor propio del alma; Tú eres la luz por encima de toda luz. Tú eres el vestido que cubre toda desnudez, el alimento que alegra con su dulzura a todos los que tienen hambre pues Tú eres dulce, sin nada de amargor. ¡Revísteme, Trinidad eterna, revísteme de Ti misma para que pase esta vida mortal en la verdadera obediencia y en la luz de la fe santísima…

En la Trinidad reconocemos modelo de la Iglesia, llamados a amarnos como Jesús nos amó, dice el Papa

«Tanto amó Dios al mundo»

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«Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios.»

                    Jn 3, 16-18
Quiero compartir con ustedes esta reflexión que escuché hace tiempo, y aunque desconozco su autoría, me parece un bello pensamiento.
«Hoy he escuchado la radio, he leído los periódicos, he pegado la oreja para saber de qué se habla en las calles, en las colas de los colectivos, en las barras de los bares y no he oído hablar de amor… He vagado de un lado para el otro con los oídos alertas, pero nadie ha pronunciado la mágica palabra. He oído hablar de impuestos, de violencia, de accidentes, de famosos, de fraudes. He oído hablar de fútbol, de política, pero no he oído hablar de amor… Me he acercado a las pa…