Hay momentos de oración que duran solo el “instante de una respiración” pero que sin embargo poseen la profundidad de un pozo del que brota vida nueva.
La cantidad de palabras recitadas en la oración no hacen de esta una plegaria más potente o más piadosa, ni siquiera más sincera…Lo que hace que una oración llegue al cielo es la humildad del que la pronuncia, pero sobre todo el amor incondicional de Quien la recibe.
El gran San Agustín de Hipona decía que: “La oración es la fuerza del hombre y la debilidad de Dios”….Dios nos recibe “completos” cada vez que le oramos. Para Él el número de palabras de nuestro rezo carece de trascendencia.
Nuestras plegarias pueden durar lo que un suspiro o el tiempo de un latido del corazón. Y también una vida completa...
@Ale Vallina

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