Los meses pasan con un vértigo que nos turba. Como si fueran levantados por remolinos se van alejando y desaparecen. Enero, febrero, marzo…Y casi sin respiro ya es noviembre. Y con un chasquido de dedos avanza con paso firme y decidido el mes de diciembre. Todo rápido, tan vertiginoso, con una velocidad “desvergonzada” que irrumpe sin pedir permiso y descoloca los momentos convirtiéndolos en puro desconcierto.
Tanto de qué ocuparse, tantos pensamientos, tantos quehaceres…Y cuando nos queremos acordar el presente ya es pasado y el amanecer de hoy ya es el de mañana. Esta época del año, especialmente en el hemisferio sur, nos encuentra agotados y con deseos de vacaciones.
Cuanta necesidad tenemos de aflojar la cuerda, destensarla. Descansar un poco, detener el paso, sonreír al vecino… Y con la misma trascendencia, mordisquear la hierba, saborear la sopa, acariciar al perro…No podemos dejar para más adelante el releer los libros y subrayarlos con fibras de colores porque no tenemos tiempo!
Necesitamos rezar pausadamente y a conciencia. En silencio. Recuperar el diálogo pausado con Dios. Sin intentar contentarlo con frases hechas antes de desplomarnos en la cama después de una jornada de trabajo agotadora.
¡Qué se derrita el helado! No se puede disfrutar lo bueno con arrebato ni con urgencia. No se puede abrazar en un segundo porque el abrazo quiere ser gozado. La sabia naturaleza nos lo muestra día a día: en el embarazo que dura 9 meses, en el segundero del reloj, en los latidos del corazón…
Por eso le pedimos al Señor del tiempo que detenga nuestras ansias de hacer “de todo”. Que nos auxilie para aminorar la marcha a un paso que sea sensato. Deseamos recorrer contigo, Señor, estos días hasta el fin de año. Pero a tu ritmo. El de tu Nazaret, no el de nuestro siglo y ciudad convulsionados…
Ansiamos calma para saborear la vida, para gustar de los regalos y para admirar los rostros de los que caminan a nuestro lado. Ese sosiego, como el de los niños, para los cuales el tiempo transcurre lento y gradual escudriñando el mundo sin prisa y con ojos de asombro.
Pidamos a Dios que nos ayude a pisar el freno cuando "aceleremos" más de la cuenta.
“Haznos lentos”, Señor, para saborear la vida...
@Ale Vallina

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