“Señor, enséñanos a amar
a aquellos que no tienen quien los ame.
Hay millones de seres humanos,
tus hijos y nuestros hermanos,
que mueren de hambre sin haberlo merecido,
que mueren de sed,
sin haber hecho nada para morir de sed,
que no Te conocen
sin ser culpables de esta ignorancia.
Señor, no permitas que vivamos
felices y satisfechos en nuestro pequeño mundo.
Haznos entender
la angustia de la miseria universal
y líbranos de nuestro yo,
ciego y solitario.
Esta es nuestra ardiente oración”.
Anónimo

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