Aprender a cerrar ciclos es una de las lecciones más sanas en la que podemos instruirnos en la vida. En ocasiones se trata de una amistad que culmina,  de un trabajo que llega a su fin, de una relación de pareja que se rompe, o tal vez de un proyecto añorado que se trunca. En todos los casos, a  la sensación de pérdida  y de desorientación primeras, le sigue un período de duelo, que puede ser más o menos largo, pero que en algún momento debe terminar.
Para recomenzar, es importante verificar nuestras fuerzas y  comprobar que nuestra voluntad y deseos nos mueven a un nuevo comienzo. La aceptación de lo sucedido- que no es lo mismo que resignación- nos ayudará a crecer como personas y a ganar en sabiduría y en experiencia.
¿Es fácil y sencillo “cerrar ciclos”?. No, no lo es. Pero “crecer” implica  finalizar etapas e inaugurar con esperanzas,  las nuevas oportunidades que llegan a nuestra vida. 
@Ale Vallina

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