Los seres humanos pasamos todo el tiempo deseando
recibir consideración de los demás. Y
no hay motivo para creer que en ello exista algo malo. No hay nada de reprobable
en sentir anhelos de ser tenidos en cuenta o en experimentar que somos
aceptados como seres únicos. Pero debemos tener cuidado de no confundir esto
con exigir aprobación en todo lo que
hacemos. Porque ser considerados por los demás equivale a ser respetados como
persona, y ellos es algo distinto de exigir que se apruebe todo lo que hacemos. En el pasaje del evangelio de Marta y
María, encontramos dos situaciones que pueden ayudarnos a comprender mejor el
mensaje de Jesucristo. Son dos escenas bien contrapuestas. En una vemos a María
sentada a los pies del Maestro escuchando su palabra, mientras que en la otra
contemplamos a Marta atareada con las tareas de la casa. Mientras una escucha,
la otra trabaja. ¿Cuál es la enseñanza que trasmite Jesús al escuchar el
reclamo de Marta? Es aquí donde encontramos la riqueza de este episodio de la
vida cotidiana que muy bien puede ser también el nuestro. El servicio no puede ser
tomado como un medio para exigir que los demás aprueben sin más lo que uno dice
o hace. Marta reclama diciendo a Jesús "Señor,
¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trajín de la casa? Dile
que venga a echarme una mano".
(Lc 10:40B). Ella espera que Jesús apruebe su exigencia porque está
convencida de que su servicio le otorga autoridad para pedirlo. Pero Jesús no
piensa así. Si haces algo por los demás es porque los consideras dignas de
respeto, y porque reconoces que lo que puedes ofrecer les resultará
beneficioso. Pero ello no equivale a que se apruebe cualquier otra conducta que
realices. Porque perfectamente puedes ser muy caritativo y servicial, y a la
vez ser una persona que genera división y enfrentamiento. Y mientras en lo primero
eres considerado como una persona que vive su fe con convicción, en lo segundo
aún necesitas conversión. En ocasiones, encontramos en nuestras iglesias personas
que aun siendo muy serviciales tienen la extraña capacidad de que no dejan
crecer a nadie cerca suyo. Hay muchas “Marta” que necesitan ser educadas. Jesús
considera a ambas por igual. Respeta que Marta haya elegido no estar sentada a
sus pies compartiendo con él, y también que María si haya querido estarlo, pero
no aprueba la actitud de reclamo de Marta.
P. Javier Rojas, sj
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