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«Quédense con lo bueno»

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                      Esta mañana al revisar el correo electrónico me encontré con uno, que me había enviado un feligrés de esta comunidad, que decía «La felicidad es contagiosa». Era el artículo de un estudio realizado en Harvard por notables médicos y científicos de esa prestigiosa casa de estudios. Los investigadores analizaron información acerca de la felicidad de 4739 personas y sus conexiones con otros miles de personas (esposos, familiares, amigos cercanos, vecinos y relaciones laborales) entre 1983 y 2003 y después del análisis de la información llegaron a la conclusión de que la felicidad es “contagiosa”. Dice el texto: "Su felicidad depende no sólo de sus elecciones y acciones, sino también de las hechas por personas que uno ni siquiera conoce, con dos o tres grados de separación" Esta fascinante verdad, y sin quitarle mérito a los catedráticos de Harvard, es una revelación que los cristianos hemos recibido en...
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Cuántos nacimientos hay en nuestras vidas? Son tantos! Lo has advertido? Nacemos cada vez que pedimos perdón a los que hemos dañado. Cada vez que auxiliamos al que lo necesita. Nacemos cuando queriendo llorar elegimos sonreír esperanzados. Cuando oramos con vehemencia sabiendo que seremos escuchados. Cuando trabajamos por el Reino de Dios aquí en la tierra. Cuando nos hacemos solidarios con el necesitado, que muchas veces no está en un país lejano si no en nuestra propia casa. Nacemos con Jesús el 25 de diciembre, y cada mañana cuando amanecemos con sueños y proyectos. Y como bebés que arriban a la vida podemos aprender a caminar de nuevo sin caernos. Y a levantarnos si  tropezamos. A hablar, con palabras prudentes y atinadas. A escuchar atentamente al que nos habla y a ser alegres con muy poco…A obedecer al que sabe, y a aprender humildemente. Nacemos cuando nos sorprende y maravilla la naturaleza, y cuando nos estalla el corazón de emoción por lo bueno y santo que nos circunda. Q...
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“Hazme entender mi Señor, por qué tu ser sobre todo nombre ha renunciado al poder,  y opta ser pequeño y pobre.” Martín Valverde
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Enséñame cómo se va a ese país que está más allá de toda palabra y de todo nombre. Enséñame a orar a este lado de la frontera, aquí donde se encuentran estos bosques. Necesito que tú me guíes. Necesito que tú muevas mi corazón. Necesito que mi alma se purifique por medio de tu oración. Necesito que robustezcas mi voluntad. Necesito que salves y transformes el mundo. Te necesito a ti para todos cuantos sufren, para todos cuantos padecen prisión, peligro o tribulación. Te necesito para todos cuantos han enloquecido. Necesito que tus manos sanadoras no dejen de actuar en mi vida. Necesito que hagas de mí, como hiciste de tu Hijo, un sanador, un consolador, un salvador. Necesito que des nombre a los muertos. Necesito que ayudes a los moribundos a cruzar el río. Te necesito para mí, tanto si vivo como si muero. Es preciso. Amén.             Thomas Merton

«... y verás con claridad... » Lc 6, 42

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«Amar no es proyectar sino descubrir. Una mirada libre de egoísmo es la que puede descubrir la bondad del ser humano. Por ello, amar verdaderamente es estar abierto a la sorpresa y la novedad del otro. No puedo amar con sinceridad si con la mirada juzgo con dureza a los demás. ¿Cómo puedes pretender descubrir a Dios si tu mirada está teñida de  rencor y resentimiento? «Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad» (Lc 6, 42) Mientras te preparas a contemplar el nacimiento del Hijo de Dios, no te olvides de preparar el corazón para recibirlo. Recuerda que los ojos son las ventanas del alma y quien se asoma a ellos descubre la grandeza o estrechez del corazón humano. Reconcilia tu corazón y entonces verás con claridad el nacimiento del niño Dios.» (Javier Rojas SJ)
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Esperaré a que crezca el árbol y me dé sombra. Pero abonaré la espera con mis hojas secas. Esperaré a que brote el manantial y me dé agua Pero despejaré mi cauce de memorias enlodadas. Esperaré a que apunte la aurora y me ilumine. Pero sacudiré mi noche de postraciones y sudarios Esperaré a que llegue lo que no sé y me sorprenda Pero vaciaré mi casa de todo lo enquistado. Y al abonar el árbol, despejar el cauce, sacudir la noche y vaciar la casa, la tierra y el lamento se abrirán a la esperanza. Benjamín González Buelta sj