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Yo sé que me hablas todos los días.  Yo sé que no dejas de preguntarme cómo me va. Yo sé que te comunicas intensamente conmigo. Señor, quiero escuchar tu voz Yo sé que estás presente  sosteniendo y alentando mi vida, yo sé que día a día esperas para conversar conmigo. Yo sé que dentro mío me hablas de amor y servicio. Señor, quiero escuchar tu voz Pero....  Cómo me gustaría descubrirte en mis hermanos, cómo me gustaría vivir más preocupado de la caridad que de la norma del catecismo. ¿No decías que el vino nuevo necesitaba odres nuevos?. Señor, quiero escuchar tu voz Cómo me gustaría escuchar tu voz en los políticos, que hablan de justicia pero cada vez están más crispados y lejanos de los problemas del pueblo. ¿No decías que la persona es lo más importante? Señor, quiero escuchar tu voz Cómo me gustaría escuchar tu voz en los jóvenes, deseosos de ser libres, y muchos de ellos embotados por un estilo de vida que sólo crea más sed, más ansiedad y esclavitud. ¿No ...
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Mucha actividad en nuestro mundo, mucha de nuestra super actividad viene de una huida de la relación, se tiene miedo de encontrarse con los demás, se tiene miedo de relacionarse con los demás, se tiene miedo de sentirse responsables de los demás, se tiene miedo de compartir las propias debilidades y de hacerse interdependientes unos de otros. Y por eso se cierra uno dentro de sí. Jean Vanier
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El amor, en el matrimonio, en lugar de ir desplegándose en un movimiento de expansión, puede ir replegándose en un movimiento de involución. Los amores que se congelaron a los pocos años de casarse, no significa que hubiesen sido espurios o de mala ley sino que los esposos no acertaron a cultivarlos con el esmero con que se cultiva una tierna planta… No los cuidaron con la atención que se da a una delicada criatura, porque al fin eso es efectivamente el amor: una frágil criatura". Ignacio Larrañaga. El Matrimonio Feliz
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Si puedo hacer, hoy, alguna cosa, si puedo realizar algún servicio, si puedo decir algo bien dicho, dime cómo hacerlo, Señor. Si puedo arreglar un fallo humano, si puedo dar fuerzas a mi prójimo, si puedo alegrarlo con mi canto, dime cómo hacerlo, Señor. Si puedo ayudar a un desgraciado, si puedo aliviar alguna carga, si puedo irradiar más alegría, dime cómo hacerlo, Señor Grenville Kleiser
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Sopla Señor en mi vida… y le darás consuelo y calma Sopla Señor en mi vida… le brindaras amor y abrigo Sopla Señor en mi vida… y fortalece mis pies vacilantes Sopla Señor en mi vida… hazme fiel a tus promesas. Sopla Señor en mi vida… y devuelve la alegría a mi vida. Sopla Señor en mi vida… pues sin ti me siento perdido y tristezas. Sopla Señor en mi vida… y arranca los miedos Sopla Señor en mi vida… hazme de nuevo. Sopla Señor en mi vida… y bendice a mis hermanos
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Imperdible reflexión  Me parece que la primera cosa que tendríamos que enseñar a toda persona que llega a la adolescencia es que los humanos no nacemos felices ni infelices, sino que aprendemos a ser una cosa u otra y que, en una gran parte, depende de nuestra elección el que nos llegue la felicidad o la desgracia. Que no es cierto, como muchos piensan, que la dicha pueda encontrarse como se encuentra por la calle una moneda o que pueda tocar como una lotería, sino que es algo que se construye, ladrillo a ladrillo, como una casa. Habría también que enseñarles que la felicidad nunca es completa en este mundo, pero que, aun así, hay raciones más que suficientes de alegría para llenar una vida de entusiasmo y que una de las claves está precisamente en no renunciar o ignorar los trozos de felicidad que poseemos por pasarse la vida soñando o esperando la felicidad entera. Sería también necesario decirles que no hay «recetas» para la felicidad, porque, en primer lugar, no hay...
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Nadie fabrica un candado sin llaves... Dios, ante los problemas, no te deja sin soluciones...